La esfera, el poliedro y la cruz

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El papa Francisco es un gran admirador de Chesterton. Si rastreamos los textos de muchas de sus intervenciones públicas, como cardenal o como pontífice, no encontraremos alusiones directas a Chesterton, pero sí ecos del pensamiento chestertoniano. Un ejemplo es la instrucción apostólica Evangelii Gaudium, en la que cualquier admirador del escritor inglés sabrá relacionar la alusión del papa a la esfera, entendida como símbolo de la globalización, con su novela La esfera y la cruz, publicada en 1910.

En realidad, el papa Bergoglio no aludió expresamente a la esfera y la cruz, si no a la esfera y el poliedro, entendidos como símbolos geométricos opuestos, y que expresan dos formas muy diferentes de concebir el mundo. Francisco rechaza la globalización concebida como homologación. Cabe deducir que esa la globalización mala, la que intenta uniformar, muchas veces en nombre de metas elevadas como la paz o la democracia, las distintas culturas privándoles de la riqueza de su diversidad. No es extraño que el pensamiento débil, uno de los nombres del relativismo, se sienta a gusto en esta perspectiva, y además presuma de aspirar a la justicia y el bienestar universales por medio de una fría mezcla de pragmatismo e irracionalismo, aun a costa de ignorar que su planteamiento es inhumano.

Una cosa es el mercado y el consumo, y otra muy diferente la cultura, que debe ser protegida de uniformidades deshumanizadoras. Recordemos las palabras de Juan Pablo II en la UNESCO en 1980: “El hombre vive una vida verdaderamente humana gracias a la cultura”. De esto sabía mucho un pontífice que contempló como su Polonia natal sobrevivió a la pérdida de su independencia política gracias a la llama de una cultura humanista y cristiana alimentada por la mayoría de sus habitantes. Así pudo escapar esta nación a la uniformidad dictada por los imperios alemán, ruso y soviético. Del mismo modo, en el mundo globalizado de nuestro tiempo, tal y como recuerda el papa Francisco en Evangelii Gaudium: “El modelo a seguir no es la esfera, en la que se nivela cada relieve y desaparece cada diferencia; el modelo en cambio es el poliedro, que incluye una multiplicidad de elementos y respeta la unidad en la variedad. Al defender la unidad, defendemos también la diversidad” (236)

Contra la tendencia uniformadora de la esfera, nos previno Chesterton hace más de un siglo. El escritor se rebeló ante la idea de que la evolución o el progreso llevaran a fundir unos seres con otros, algo que él comparaba a una pesadilla. La esfera del progreso, defendida en su novela por el editor ateo James Turnbull, tenía bastante de fatalismo, de inevitabilidad, aunque al mismo tiempo pasaba por ser un símbolo de la perfección.  A esta perfección creían haber llegado algunos intelectuales representantes del progreso en la época de Chesterton: Ibsen, Zola, Tolstoi o Bernard Shaw, criticados implícitamente en La esfera y la cruz. Se presentaban como defensores de la justicia e incluso hablaban del amor. Sin embargo, ese amor, como bien aprecia el rival de Turnbull, el católico Evan McIan, no tiene nada de benigno y paciente. Antes bien, la palabra “amor” se asemeja a algo duro y pesado como el ruido de unas botas. McIan, es decir Chesterton, se anticipa a denunciar una moral, que hoy es políticamente correcta. En ella golpear a otro es malo porque hace daño, pero no porque le humilla. Tampoco está bien matar porque es algo violento, aunque no porque sea injusto. El escritor inglés ha presentido el triunfo del pensamiento débil, y sus palabras son un reproche a aquellos no tienen muy claro lo que es la naturaleza humana. Han separado tanto la fe de la razón, que han puesto en peligro la propia razón. Se entiende así que Chesterton vea una cierta afinidad entre otros dos personajes de su novela, Pierre y Madeleine Durand, padre e hija: “El padre creía en el Hombre, la hija creía en Dios, pero ninguno de los dos creía en sí mismo, que es una debilidad decadente”.

Podríamos añadir que la esfera despreciaría al poliedro porque lo considera imperfecto al no estar uniformizado, pero también despreciaría a la cruz. El profesor Lucifer, personaje imprescindible de La esfera y la cruz, afirma que la cruz va contra la racionalidad porque uno de sus brazos es más largo que el otro. Es un objeto bárbaro y arbitrario, un signo de contradicción. Por tanto, no es digno de coronar la esfera, pese a que así aparezca en la cúpula de algunas catedrales como la de San Pablo en Londres. Lucifer se permite corregir al arquitecto diciendo que es la esfera la que debe rematar la cruz, sin querer darse cuenta de que la esfera se caería.

Es muy posible que un día, el papa Francisco nos sorprenda citando expresamente a Chesterton. Después de todo, siendo cardenal, ha animado a abrir la causa de beatificación y canonización de un escritor que fue ejemplo de bondad y sentido del humor.

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4 Responses to La esfera, el poliedro y la cruz

  1. juanpalma3 says:

    Magnifica entrada al igual que todas las que he leído hasta ahora. Totalmente de acuerdo con la matización sobre la globalización y comparto su admiración por Chesterton. El humor agudo y no falto de trascendencia me maravillan. En relación al blog, me identifico especialmente con él porque la cultura y la fe me mueven de continuo y son tan complementarias para mí como imprescindibles. Enhorabuena por la labor de difundir estos temas y hacerlo con tanta maestría. Y por otra parte una pena que no escriba aquí mas asiduamente , aunque ya he visto que escribe sobre política en otro blog. De todos modos seguiré leyendo sus entradas y también los articulos de Alfa y Omega. Gracias y un saludo afectuoso.

    • Estimado Juan: Agradecido por su comentario. También agradezco que difunda algunos de estos artículos si le parecen de interés. No hay problema por reproducirlos. He visto también su blog y ¡adelante! Las referencias al cine son estupendas. Es un buen instrumento didáctico.
      Creo que es tiempo de poner alguna nueva entrada y pondré dos próximamente aquí. Por lo demás, en Alfa y Omega seguirán apareciendo artículos, generalmente uno al mes. En una de las entradas de este blog doy noticia de mi libro 50 santos para llevar en el bolsillo (Rialp).
      Un saludo muy cordial

      • juanpalma3 says:

        Gracias por su comentario Antonio. Me alegro que vuelva a escribir en este blog. Leeré sus entradas cuando aparezcan. Será interesante igualmente leer su libro. Veo por lo que expresa que le gusta el cine, pues le digo que es necesario, como una forma de contribuir a la reanimación de los valores éticos de esta sociedad, que tan bien usted analiza, animar a que el cine con valores tenga vigencia y sea una opción cultural constructiva. En mi blog se habla de todo un poco, pero la fe y los valores están de manera muy presente en él. Todo sea por contribuir con un poquito a que este mundo sea cada vez más humano y ético.

      • juanpalma3 says:

        Gracias por su comentario. Me alegro que vuelva a escribir en este blog y espero con

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